Saturday, April 5, 2014

Nuevo México, 2)

(Fotos...)

Por lo pronto, llenaré con palabras el vacío: la primera fue tomada en un mega-supermercado en CHAMA, NM, cerca de la frontera con Colorado y unas 85 millas al noroeste de Taos. Paramos ahí sin haberlo planeado, después de estar en Farmington y visitar el Parque Nacional del Cañón del Chaco, fascinante, con ruinas indias.
Bueno, Chama es una miniatura, al pie de las Rocallosas (había nieve todavía, por supuesto) y a orillas del río Chama. Su mayor atractivo es un tren de vapor que hace un recorrido turístico a partir de abril hasta Antonito, Colorado, por el Paso de las Cumbres, a una altura de poco más de 10 mil pies, pasando por montaña, cañones y desierto de altura. Por nuestra parte, al salir de ahí rumbo a Taos, alcanzamos una altura mayor en la montaña....
Si bien Chama sólo tiene mil habitantes, el supermercado es gigantesco, porque atiende las necesidades de los pueblos aledaños. Ahí vimos las piñatas en forma de ELMO, el muñeco favorito de Angélica, y por eso nos hicimos tomar la foto.
Ahí también encontramos Pat y yo una gran variedad de chiles secos, especias para comida mexicana como epazote y otras yerbas, harina de maíz azul para atole, piloncillo, etc. Al preguntarle a la cajera de dónde venían los chiles, dijo que de Chimayó  (entre Taos y Santa Fe) cuyo Santuario no deberíamos perdernos de visitar, cosa que hicimos en su momento. Se levantó en el siglo xix en el sitio de un manantial seco que los indios tewa consideraban sagrado: le adjudicaban a la tierra cualidades curativas, comiéndola. Dentro del santuario se conserva un recipiente con dicha tierra, que ya no se come... pero siguen considerando milagrosa los católicos que cada año hacen un gran peregrinaje. Los alrededores del Santuario están muy manicurados, a lo Disney.

Otra sorpresa en Chimayó fue el restaurante de varias generaciones de la familia Jaramillo, con rica comida de Nuevo México. (ver entrada anterior)

La tercera foto es también en Chama, en el terreno entre el Trails Inn Motel, muy agradable, y el gran restaurante al otro lado de la carretera: un verdadero Saloon del Oeste.
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La foto de enmedio fue tomada el último día en Albuquerque, frente a otro Santuario: el de la Virgen de Guadalupe, al que no pudimos entrar porque se estaba celebrando una misa de difuntos.
No dejó de sorprenderme la abundancia de imágenes 1) de la Virgen, 2) de Frida Khalo, 3) de las calaveras mexicanas en todos los comercios de Taos, Santa Fe y Albuquerque*. ¡Parece que hubieran ido a saquear los mercados mexicanos! Hasta molcajetes se encontraban, además (en otro negocio simpático de Abiquiú, donde no pudimos visitar la casa museo de G. O´Keefe, por su horario limitado, se vendían utensilios de peltre azul).
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Viaje al Suroeste de los EU--marzo de 2014


Itinerario

En Nuevo México:
Albuquerque… Acoma: ¨Ciudad del cielo¨, visita guiada: el Santuario , con retablo de madera pintada multicolor (una caracteristica de Nuevo México); un cristo impresionante, con la cabeza caída casi sobre las rodillas, el cabello largo cubriéndoselas.
De ahí a Gallup a la entrada de la Reserva de la Nación Navajo.

Arizona:
Subimos al Monumento Nacional del Cañón de Chelly (Chey en navajo, los españoles lo deformaron a Chelli, de ahí la grafía). Nuestra primer azoro: belleza natural del desierto de altura, y los monumentos son ruinas de los sucesivos residentes: los Pueblos, los Tejedores de Cestas, los Hopi y los Navajo.

Utah
De ahí a Mexican Hat (el peñasco de esa forma le da nombre al pueblo, que consiste al parecer en UNA calle, a orillas del río San Juan). Pernoctamos, desayunamos, y vamos a conocer  en el Valle de los Dioses, el Goosenecks State Park, que como su nomre lo indica es una formación de cañón serpentina que sólo se aprecia desde su boca.
Monument Valley. Natural Bridges Park. Four Corners Monument (a unos metros del punto en el que realmente hacen frontera los Estados de Arizona, Utah,  Colorado y Nuevo México.
La siguiente noche es en Blanding, idéntico a su nombre (los habitantes lo aceptaron a cambio de una biblioteca....).  Sin embargo, esta parada nos permite enterarnos de la existencia de un parque más, de dimensiones más reducidas, pero ruinas no menos interesantes: Hovenweep.
Huelga decir que cada día amanece con el cielo despejado y la temperatura, al principio fresca, va subiendo con el sol. Ya para mediodía lo disfrutamos en todo su esplendor, así como el aire limpio del desierto de altura.

Colorado
De ahí a Durango. para  poder dedicarle buena parte del día siguiente al espectacular  Parque Nacional de Mesa Verde, con el mayor número de ruinas arqueológicas de los Pueblos Ancestrales (también lamados Anazasi). Antes, paramos en Mancos, donde encontramos –otra gran sorpresa- : delicioso café en Farenheit Coffee Roasters., una sofisticada salita de té y café..
De Durango a Farmington, para recorrer las moderadas  ruinas de Aztec y Salmon, antes de bajar al Parque Histórico Nacional de la Cultura Chaco.

Nuevo México 
Por último, entrando en la última etapa de nuestro viaje: para no regresar a Farmington, cancelamos ahí una noche y reservamos una en Chama, NM, del que hablaré en otra sección..
Al llegar a Taos nos enteramos de que no podemos entrar a Pueblo, pues se celebran ahí ceremonias hasta después de Semana Santa. Taos mismo no nos parece muy interesante: o demasiado ¨bonito¨. Dormiremos a medio camino entre ésta y Santa Fe: en Española.
Sobre Chimayó, al pie de las majestuosas montañas Sangre de Cristo y en el Valle del Río Grande, copio parte de la nota que recogemos en Ranchos de Chimayó, el hotel con restaurante en el que cenamos muy a gusto:
¨En 1693, alentados por la Corona Española, los Jaramillo de la Nueva España se trasladaron a Chimayó –el Camino Real unía a la Ciudad de los Palacios ( México) con Santa Fe. Su hijo Roque vino como soldado. Pronto, la prole de Roque Jaramillo y su mujer, Petrona de Cárdenas, se extendió por todo el norte de Nuevo México. Manuel, hijo de Roque, adquirió tierras en la Cañada de Chimayó a principios del siglo xviii.
En 1965, uno de sus tataranietos abrió el Restaurante Rancho de Chimayó...¨
Conocimos a nuevo mexicanos que se dicen descendientes directos de los españoles que llegaron a estas tierras en el siglo xvii. Y a otros descendientes de mexicanos (es decir, mestizos, como todos los latinoamericanos). Unos y otros, al mencionarles yo que era mexicana, me revelaban con fervor que habían ido o querían ir a la Basílica de Guadalupe ...
Doy la palabra a Carlos Fuentes, quien escribió esta reseña que me parece que viene muy a cuento con mi reciente viaje.
¨A veces, los Estados Unidos se presentan como el país sin pasado, recién nacido, con oportunidades para todos. A veces, las oportunidades les son negadas a los recién llegados: alemanes anteayer, irlandeses e italianos ayer, mexicanos hoy. Los mexicanos somos un problema particular porque estuvimos aquí antes que ellos. Los nombres del Sudoeste -San Francisco, Los Angeles, San Antonio- dan fe. Así, resulta llamativo que norteamericanos de raza blanca rechacen a los "latinos", que en muchas ocasiones llegaron antes que los anglosajones. En cuanto a los ciudadanos de origen africano, el pudor exige un cierto silencio que el gran payaso, Donald Trump, insiste en romper alegando que Obama -como otros "gringos" creen- no nació en los Estados Unidos, pese a la contundente prueba del registro civil de Hawai.
Invoco lo anterior para referirme a dos espectáculos actuales que nos remiten al pasado de los Estados Unidos. Uno es una comedia musical, género que los compositores "modernos" rescataron de la vieja comedia musical europea, ejemplificada por Franz Lehar en Europa y Victor Herbert en Norteamérica. Esa tradición la rechazaron explícitamente e introdujeron los nuevos ritmos (jazz, spirituals , sonidos urbanos, melodías irónicas, Charleston). La temática cambió también y una buena muestra de eso es la obra de Cole Porter Anything Goes (Todo vale), que en su título lleva su intención y ahora en la escena de Nueva York. Porter fue parte de una cultura transatlántica bien representada por escritores como Ernest Hemingway, Scott Fitzgerald, Henry Miller y, desde luego, Gertrude Stein, para no hablar de Josephine Baker y su calzón de plátanos, la cabaretera Bricktop y, al cabo, los afroamericanos que huyeron del macartismo, como Richard Wright.
En Anything Goes , escrita en 1934, Porter sitúa la obra en un transatlántico que navega de Nueva York a Europa con un reparto que incluye a un millonario miope, un gangster disfrazado de misionero, una dueña de cabaret que atrapa a un aristócrata inglés, una madre arruinada empeñada en casar a la hija con un millonario y un joven polizón pobre y guapo que conquista a la muchacha. El argumento transcurre entre inolvidables canciones y bailes empeñados en decir: somos jóvenes, somos nuevos, el tiempo es nuestro, el tiempo también es nuevo y es joven. La contagiosa música deja atrás para siempre la opereta vienesa y le da una inmensa carta de crédito a la modernidad norteamericana, en una era de depresión económica: los años 30, años también de Fred Astaire y Ginger Rogers. La modernidad vencería la crisis con comedia, canción y baile.
Que esa modernidad tenía un pasado nos lo recuerda la bella y extraña película de Kelly Reichardt Meek's Cutoff , la historia de tres familias que viajan en caravana ( covered wagons ) por la llanura del Norte rumbo a la promesa de Oregon y el Pacífico, en 1850. Las exigencias formales de la directora Reichardt son muchas. Amanecer, mediodía, atardecer y noche lo son sin disimulo. Las horas del día varían de acuerdo con el sol, las nubes, la lluvia, el calor. Las de la noche son tan oscuras e impenetrables como la noche misma. Reichardt no evade la realidad de las horas y el temor del aire libre, asociado a la calamidad imprevisible del viaje.
Además de los horarios noche-día, la directora le da un tiempo, insólito en el cine, al trabajo, sobre todo al trabajo de las mujeres que cosen, cocinan, crían niños, atienden a los animales y, llegado el caso, defienden con coraje a la tribu. Porque ésta es guiada por un hombre, Meek, que dice conocer el camino que lleva al mar; un hombre simpático, seductor, hablador, un guía en el que las familias de pioneros ponen su confianza.
Una confianza que no merece. El grupo pierde el rumbo, y cuando los pioneros capturan a un indio, lo amarran y lo temen, Meek acaso engaña y quiere matar al indio. Allí interviene la protagonista, la actriz Michelle Williams (desprovista de maquillaje), que se enfrenta a Meek y le salva la vida al indio. Este, al fin, señala el camino correcto para cruzar la montaña y llegar al mar.
Fábulas de destiempos muy diferentes -1850 y la Conquista del Oeste, 1934 y la conquista del mundo-, Meek's Cutoff y Anything Goes nos recuerdan hasta qué grado los Estados Unidos son producto -¿no lo somos todos?- de su historia y cómo ésta, por remota, escondida y hasta olvidada que sea, alimenta nuestro presente. Los Estados Unidos tienden a olvidar, pero celebrando. América Latina tiende a recordar a fin de no celebrar, quizá para celebrar a veces y criticar siempre. Después de todo, como escribió William Faulkner, el pasado ocurre hoy.¨
© El Pais

Friday, January 17, 2014

A orillas del Ganges

Un cielo azul tinta
y la luz de Venus
presiden
las ceremonias a lo largo del Ganges

A la Madre generosa y abundante
de un lado se le ofrecen fuego
y cenizas
del otro fuego y cantos
Sobre el agua casi invisible
van flotando
las ofrendas de velas encendidas
y petalos color naranja.
...
Nada macabro o siniestro
en esta ceremonia
de devolver al rio
los seres de la tierra
 transformados por el fuego

Ultimo adios
mortaja blanca o roja
en el humo con olor a sandalo.
...

Thursday, October 31, 2013

Night and the City

A dialogue

 -After all this time together, you must acknowledge the obvious: we have become utterly, tragically  incompatible!
 -Why do you say that? Do you want to leave me? Could you do that? After I have given you my best centuries?
 -But, dear, you have changed so much! Every time I come to you I find you transformed, almost unrecognizable: sometimes looking like a Harlot, sometimes like a fairytale Princess… What do you want me to do?
 -What do I want you to do? I want you to accept me as I am, mercurial if you say so, magician… That’s what you used to call me, remember? Magic, bewitching, always surprising, never, never boring!
 -No, not boring, that’s for sure. Listen, dear… This is not a life anymore. I need peace and quiet. I need, first of all, shadows, I don’t need lights, four thousand, ten thousand kilowatts as soon as I appear, and this only in one of your Squares??
 -Oh, I see… you need shadows, and my children be damned, mugged, assaulted, killed if need be… because you need shadows. Who’s to defend me, then, from a swarm of shadowy characters, from…?
 -And then, I need silence: if anything, interrupted by the wind in the tree branches, the crickets in the bushes, the sea waves lapping the shore…
 -You’re turning gaga, I see. Old.  How much older than me?? But,  you loved me when we first met!
 -Indeed, we loved each other! You were always in turmoil, I admit that. Receiving ships from the East, sending your children to the West; changing your outfit every ten, twenty years, your skin color, your language, your demeanor. Your names… The Naked City… I liked that! Gotham city, a little less. The Big Apple… absolutely ridiculous!
 -And you were always yourself: arriving punctually according to the season, enveloping me in your great dark star-studded cape, sometimes a full moon on your forehead, so handsome!! Trying always to lull me to sleep with soft, melodious songs…
 But now, look at you: pride has gone to your head: I bet you tell yourself: “Night is one, but cities like her are a dime a dozen!”
 -No, dear, I’ve never gone that far. I’ve always tried to recover those days, I mean, nights, when I could lull you to sleep. Now, I never succeed. You see, that’s precisely why we must part.  Because you don’t need me anymore,  because nobody here acknowledges me. You have agreed to this falsification of Day during my time. You’ve become: The City that never sleeps. And I need sleep, my beloved.. .
……………..                                                               

Thursday, October 17, 2013

El DF

De mi ires y venires en la ciudad de México, en cada uno de mis tres viajes anuales.

En la ciudad de México es mucho decir: mis paseos se limitan a una triada: de San Jerónimo, vecina afluente de la Magdalena Contreras, ambos antiguos pueblitos, ahora uno más aburguesado (léase, cargado de trafico: una camioneta por persona: gueritas de celular y señores con gorra de beisbol); por sus lindas calles empedradas es difícil caminar: en parte por el tráfico, porque no hay acera, y en parte por esa redondez de las piedras, que entorpece el paso...  Está el paseo por la ciclopista, antigua vía del ferrocarril a Cuernavaca, en un extremo de la cual se puede visitar el humilde y pintoresco panteón.
Ahí viven desde hace unos treinta años mis entrañables amigos Eugenia y Roger Mas, ahí me acogen cada vez que voy a visitar a mi madre, quien desde julio del 2009 reside en la Residencia San José de Lyon, para señoras mayores, a unas cuadras de donde viven mis amigos.

De San Jerónimo a Tlalpan, donde el zócalo es un gran atractivo, bien cuidados sus jardines, atractivo su kiosco y sus portales, hoy entrada a un sinnúmero de simpáticos restaurantes. Contresquina, el convento de San Agustín. Ahí nos encontramos para comer con mi amiga Leticia, en el Café Tamayo, por ejemplo.

Coyoacán es otro destino placentero. El Jardín Centenario, la fuente de los Coyotes, el  templo de San Juan Bautista, el kiosco porfiriano. Los organilleros enfrente de Sanborns, que ocupa, como de costumbre, uno de los bellos edificios coloniales. El Café Moheli es mi predilecto.

Las salidas menos atractivas son: el centro comercial Perisur (su única ventaja, la relativa cercanía a San Jerónimo, pero nunca menos de 15  minutos en coche), con su Cinépolis, Librería el Péndulo, Italianni’s y otros restaurantes, y bancos y tiendas de ropa importada y chucherías para dar y repartir, en las que me abstengo de entrar. 

La Plaza Loreto, tal vez más cercana aún, entre Río Magdalena y Avenida Revolución, propiedad de Carlos Slim, multimillonario cuyo padre, maronita exilado del Líbano, llegó a México en tiempos de la Revolución, e hizo fortuna especulando con terrenos vendidos por nada,  antes o después de abrir la merceria La Estrella de Oriente, donde mi abuela materna estuvo a punto de entrar a trabajar, allá por 1917, después de haberse puesto a aprender mecanografía en la escuela Oliver.
Más reducida también, más intima, si se quiere, elegante y  atractiva, que otras de esas ¨Plazas¨: con su Cinemanía de cine premiado, su Museo Soumaya. Ahí uno se deleita, además, con la fuente de Juan Soriano: La Sirena; el auditorio abierto, la pastelería El Globo al aire libre, la tienda de mascotas, el ubicuo (Slim es el dueño, también) Sanborns. Otro hito que presenció mi abuela: ese mismo año el llamado Palacio de los Azulejos, ubicado en el Callejón de la Condesa entre Cinco de Mayo y Madero, en pleno centro histórico de la ciudad, es rentado por los hermanos Walter y Frank Sanborn, llegados de California, para establecer una de las cafeterías más concurridas de la ciudad en ese entonces, la cual se instaló originalmente (... lo que sigue lo copio de Wikipedia) en la calle de Filomeno Mata con un concepto innovador en la ciudad, el de una fuente de sodas y una farmacia, con el nombre de Sanborns American Pharmacy.8 Se le realiza entonces al palacio una remodelación de casi dos años para adaptarlo al concepto que introdujeron en México los hermanos Sanborn y le agregan aparte un restaurante, tienda de regalos y revistas, así como una tabaquería, haciendo que desde su inauguración en el año de 1919, se convirtiera en todo un éxito y, hasta finales del siglo XXfuera uno de los restaurantes y cafés más concurridos de la ciudad. 

En Tlalpan aprovecho siempre para matar dos pájaros de un tiro. Primero la visita obligada, con mi mamá,  a mi tía Esperanza, en su caserón de Coapa y Tesoreros: la Quinta Guadalupe, asi nombrada por su madre, mi tia Lupita. Don Emiliano Garcia la recibió del Gobierno de Carranza, en premio a sus méritos como constituyente, posiblemente en 1930. Casona que sigue siendo enorme incluso después de la subdivisión del terreno de atrás, antes huerta, en tres departamentitos para las sobrinas y sobrino de sangre (nosotros somos sobrinos postizos, por cariño) de mi tía:  hijos de su bienamado y malogrado hermano Gustavo. Hasta la fecha conservo la relación, no solo con mi tía, sino con una de sus sobrinas nietas: la linda Ximena.

De ahí, en taxi –aunque quizá, en otros tiempos, y sin mi mamá, podría haberme ido a pie- al zócalo de Tlalpan, encantador como muchas plazas coloniales de Mexico. Su Mercado porfiriano, el convento de San Agustín, las callejuelas empedradas, las haciendas divididas ahora en condominios, y la plaza central ajardinada, cuidada, limpia, con su simpático kiosco en el que, el pasado noviembre, tuve el gusto de contemplar un bellisimo altar de muertos. Los portales, en uno de sus frentes, y detrás de cada uno, un nuevo restaurante de jóvenes para jóvenes.
Me puedo acercar también a San Angel, llegar a la placita de San Jacinto, buscar la calle de La Amargura, descurbrir que el café donde tomábamos uno de olla, sintiéndonos Juliette Greco, Eugenia y yo, allá en nuestros años universitarios, nublada la vista por el humo del cigarro..., visitar las tiendas de artesanías, comer algo en el Saks… cruzar para recorrer el siempre fascinante convento del Carmen…
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Recuerdos

EL olor a huevo podrido de Agua Hedionda,  el balneario de aguas termales, sulfurosas, de Cuautla. Ahí nos llevaban mis tíos Juan y Esperanza cada fin de semana en enero, a que disfrutáramos de la natación, el sol, el descanso total y apacible.
Pasaban por nosotras, mi mamá y las cuatros niñas, el dos de enero, para llevarnos a la casa que tenían en Cuautla. Ibamos cargadas de maletas y paquetes (latas de leche Nido, de leche evaporada Clavel, toallas y sábanas, porque mi mamá no quería hacer “concha”, nuestra ropa, incluidos los trajes de baño; las telas ya cortadas para los secaplatos que le bordaríamos a mi tía; libros, incluso de inglés para las lecciones matutinas que nos daría mi mamá, disciplinada como era ella, y enemiga del ocio por las mañanas: “ ya tendrán toda la tarde para jugar”).
De estas actividades guardaríamos las hermanas distintas memorias, de distinta calidad quiero decir: para unas, grato recuerdo de haber estado sentadas en torno a mi mamá, a la sombra del frondoso clavellino, bordando letras y frutas en los secaplatos para cada día de la semana que le daríamos de regalo a mi tía, magro agradecimiento por su generosidad en entregarnos su casa, con jardín y empleada, durante  todo el mes de nuestras vacaciones escolares. “Con nada le puedo pagar a tu tía lo que hace por nosotros –dice mi mamá-. La veo como a una hermana”. Y no eramos parientes. Sus padres, amigos de mis abuelos maternos, y la amistad continuada en la siguiente generación.
Pero, como bien ha escrito mi hermana Susi: tías y tíos postizos, hechos nuestros no por lazos de sangre sino por los, a veces más fuertes, los del afecto.
¡Cuando pienso en Ximena Cuervo de Abed, a quien conocimos de siete años en uno de los desayunos en la casa de Tlalpan que la tía Esperanza, ya fallecido mi tío, nos ofrecía a mis hijos, mi marido y a mí cuando íbamos de visita... Cuando pienso en esa Ximena, digo, que pasó con nosotros unas semanas antes de casarse, mientras estudiaba en NY, y a la que ahora veo, en cada uno de mis viajes trimestrales a México, para visitar a mi mamá, cuando, su marido Paul y su madre Martha, me invitan a cenar! Ximena, sobrina nieta de mi tía Esperanza.
Volviendo al mes de enero de nuestra infancia en Cuautla. Aquella actividad del bordar matutino, y más aún la de estudiar inglés había sido para unas, algo que algunas recordaríamos con placer, y otra como  un verdadero castigo inmerecido. (¿Por que a ella le costaría tanto apreciar cualquier aprendizaje, sus penas y glorias?).
De regreso de la alberca entre semana, devorábamos la sabrosa y sencilla comida preparada por Eutimia: pollo cocido, arroz con plátano macho frito y aguacate, frijoles de la olla, tortillas recién hechas –cuando no eran las deliciosas quesadillas de requesón, huitlacoche, hongos o flor de calabaza que mi mamá le encargaba que comprara en el Mercado. Después de la sabrosa comida, mi mamá se acostaba a dormir la siesta y nos mandaba afuera, al jardín. Jugábamos a hacer tortitas de lodo, aprovechando el agua del apantle (acequia), a columpiarnos en la hamaca, o a dejar que nos columpiara el sobrino de Eutimia, Lázaro, de la edad de Eugenia y enamorado de ella.
Los aguacates caidos en tierra… el silbido agudo de los zanates, el chirrido de los grillos al anochecer, la luna brillante en el cielo negro como ala de cuervo…
¿Cómo olvidar Cuautla, ese paraiso?
Aquí, la historia armada con datos y mi imaginación, de los tíos Juan y Esperanza:
Corría el año de 1924... Se conocieron así: ella paseaba del brazo de su amiga por Cinco de Mayo, a la salida de la Normal, y se dieron cuenta de que un auto las seguía, a paso de rueda. “Señoritas... ¿no quieren dar un paseo con nosotros?” Miró de reojo al que hablaba y conducía un Chevrolet blanco último modelo. Cabeza grande, cabello claro y ondulado,  ojos pequeños, azules, vivos. Bajo los bigotes rubios, la sonriente boca de labios rojos, el cigarro entre los dedos de la mano que asomaba por la ventanilla.
-No les hicimos caso. Pero no dejaron de seguirnos. Al llegar a la esquina, el que manejaba se detuvo, y bajó. Era alto. Con seriedad se dirigió a mi: ‘Me llamo Juan Szeman y a mí y mi amigo nos gustaria invitarla  usted y a su amiga a tomar un café en Sanborns.´
El amigo, no recuerdo su nombre, no era tan alto pero era más rubio, casi desteñido, y apenas hablaba español.  Más adelante me enteré de que le había dicho a Juan que mi amiga no le había gustado porque era ‘muy morena’.

Mi tía viene a revelarnos el verdadero nombre de su marido diez años después de muerto.
‘Se llamaba Lazlo Szeman Baranyk’.

Pues resulta que el tenía 21 años cuando llegó a México en 1924. Nacido en Pest, parte del Imperio Austro-Húngaro, tenía once cuando estalló la Primera Guerra Mundial.
“El padre murió y la madre se trasladó a Viena con los tres hijos. Ahí abrió un café –cuenta esto su viuda, mi tía Esperanza, a los 91, lúcida, sentada en la salita de la casa de Tlalpan.
‘La madre se volvió a casar. Juan, que tenía 18, se llevaba muy mal con el padrastro, al grado de que un día estuvieron a punto de darse de golpes. Entonces la madre le dió dinero a Juan y le dijo: “Vete a vivir a otra parte”. ¡Nunca se imaginó que esa ‘otra parte’ iba a ser América! El se embarcó y llegó primero a Nueva York, pero no quiso quedarse allá y siguió hasta México. Cuando me conoció, ya trabajaba de ingeniero en una fábrica de tubería, y hablaba perfectamente el español.
‘Poco después lo mandaron a Brasil, y le ofrecían un buen empleo alla, diciéndole que si queríamos, nos podíamos casar por poder, y luego me enviaban el pasaje. El me escribió que ni loco, y que, aunque fuera a pie, pero se regresaba a Mexico. Entonces mi padre gestionó con el Cónsul de México en Brasil, y éste le entregó a Juan el pasaje para su regreso. Poco después nos casamos... en 1943.
Cuando supimos que no podiamos tener hijos, él me dijo que no quería que adoptáramos,  que debiamos aceptar la voluntad de Dios, y yo le hice caso.¨
Nosotros lo conocimos y quisimos como el tío Juan.
El, a su vez, de pie en una de las pozas de Atotonilco, con el agua caliente llegándole al pecho, o afuera, envuelto en una toalla blanca, con el codo a la altura del hombro y el vaso de cuba libre frente a los labios, nos contaba con voz ronca que iba a la escuela, en invierno, con la nieve hasta las rodillas . En cualquier foto se le ve sonriendo, riendo, el mentón en alto, las cejas mefistofélicas arriba de los pequeños ojos azules, muy expresivos.
El y mi tia Esperanza nos dieron de regalo algo que nunca olvidaremos: esa invitación a su casa de Cuautla, cada año, para que pasáramos, mi mamá con los cinco hijos, todo el mes de enero, el de las vacaciones escolares.
Mi tío murió en 1994, a los 91, ella, en el 2013, a los 97.

En la pared de mi recámara tengo ahora el cuadro al óleo que mi padre pintó y le regaló a mi male, y ésta a su vez a mí, unos años antes de morir,  en que figura la parte de atrás de la casa: el enorme clavellino de tronco gris y liso, y florecitas rosas en las altas ramas (una bombácea, me entero muchos años después, paseando por el Jardín Borda con mi madre y mi amiga Martha)., el muro claro, la puerta de hierro negro con vidrio que daba al comedor. Nuestro paraíso fuera de la ciudad, como en ella lo fue la casa de los abuelos maternos.
...

Thursday, February 28, 2013

Poema


Sinopsis

La piel del árbol

se transforma en el papel

donde escribimos

el libro de la vida


Un álbum de fotos es un mar de recuerdos

En él nadamos, nos perdemos

En las vicisitudes del pasado

Que es nuestro presente                                              


Nos conmueven rostros

que  flotan en la memoria

ó han terminado por naufragar  en el olvido


Sentimos que las vidas son  ríos

Que nunca llegan a la mar como nacieron.

 


 

The future


 PERMINERALIZATION

I wonder who, what, will be my avatars in the not-so-distant future (what can two decades mean in the history of the human race?): to begin with, past the expiration date, the mourning and cremation, the gray ashes percolating through the cracked china of the urn (I´ll ask my children not to buy one of those horrendous, indestructible  bronze-lined ones) unto the air and into the soil, from where the grass will grow, which in due time will be voraciously eaten by cows, horses and sheep; the worms, after doing their soil-permeating job  will come out to be pecked by Robins and Sterlings, among other sweet birds, among the blooms, mostly yellow and white, and under the shade of the majestic  oak whose hard fruit feed the squirrels and its hardwood trunk shelters Woodpeckers and Warblers – but let me not digress: after all these versions of myself, or at least parts of what was ¨me¨, after another thousand years, I shall become the minerals  that ever so slowly will have been  replacing the organic material that was, so that one good morning I shall wake up as a piece of silicate, such as quartz, and look up in that petrified condition (and smile, a stony smile)  to the Sun,  if Sun there is still! And possibly to the little boy or girl who, another of my  avatars,  will pick me up.
- June 29, 2012

Friday, January 25, 2013

First poem

To my newborn grand-daughter, Angélica

If, as they say, we grow a second heart
to love our children
what am I now?
A three-heart freak of nature?
Or just a new-born grandma?

It´s too early, perhaps,
to start giving myself to you
who can barely see me
much less say something to me

But you, whose world revolves literally
around your Mother´s breasts
You, whose instincts are survival
and even at that, not that good...
You are already tattooing on my heart
your name.
...

Tuesday, January 15, 2013

Recórdandola


Estoy viendo una foto de mi Male: de pie en el jardín  de la casa de sus padrinos, con un vestido de tafeta y encaje (que ella, en alguna parte, describe como amarillo), un  ramo de flores en los brazos; seria, intensa. A los veintidós, la edad en que yo salí de mi casa, de mi país, ella vivía en la ciudad de México, con su padre en casa de un hermano, huérfana de madre desde los diecisiete.
En el capítulo de sus memorias titulado ¨Mi primer empleo¨, dice que lo que más la desazonaba era dudar de su eficiencia. En 1916, la academia Oliver había empezado a ofrecer clases gratuitas de estenografía en la Ciudad de México. La primera máquina fue diseñada por el Reverendo Thomas Oliver, nacido en Canadá en 1852. 
Mi abuela acudió a tomar las clases, al cabo de las cuales recibió un diploma y una máquina  gratis.
Así que resolvió buscar empleo donde la pusieran a prueba, y, en sus palabras,  si realmente su trabajo no servía, aceptar el puesto que varias veces le había ofrecido en La Estrella  de Oriente, mercería y juguetería sita en la sexta calle de  Capuchinas,  Julián Slim, quien había llegado de Líbano en 1902, escapando de la persecución que sufrían en ese país los cristianos maronitas. Como casi todos los inmigrantes de origen árabe que arribaron  a América, Slim instaló un almacén, el mencionado la Estrella de Oriente, con el que prosperó rápidamente. También realizó afortunadas jugadas en la bolsa y ventajosas operaciones inmobiliarias, comprando propiedades del centro histórico de la ciudad que se habían desvalorizado durante la revolución.
Corría 1927, y el 3 de enero Ma. Ester se presentó ante el señor Lammers, quien la puso a prueba como taquimecanógrafa. A él le gustó su trabajo y le ofreció, para empezar, un sueldo de 75 pesos. Ella salió de la oficina jubilosa, dice, sintiéndose segura de sí misma.
Las oficinas -cuenta- estaban en la esquina de Madero y Filomeno Mata, arriba de la pequeña farmacia Sanborn’s, cuyos dueños,  dos inmigrantes californianos: Walter y Frank Sanborn, habían llegado a México en 1903. Tiempo después abrieron la primera farmacia con fuente de sodas,  frente al Palacio de Correos. “Les iba tan bien en el negocio que en 1919, alquilaron el Palacio de los Azulejos, en la misma calle de Madero.”  ( Sanborn’s, hoy en día una cadena de tiendas múltiples, que ha comprado el multimillonario Carlos Slim, hijo de aquel Julián de la mercería).
“Laboraba muy a gusto en mi empleo. Carlos llegó a México y fue inmediatamente a verme. Convocó a la familia y me pidió por tercera vez en matrimonio. Medio mes de mayo y todo junio fueron días de tranquila y dulce felicidad para mí...”
Carlos tuvo que regresar a Tucson. En mayo de 1920 Obregón mandó asesinar a Carranza. Los que habían combatido en sus fuerzas quedaron desprotegidos. Si Carlos regresaba, lo mataban. Quería que yo cruzara la frontera... Pero yo, la pusilánime, ¡no tuve valor! “
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Esa abuela “pusilánime” siguió trabajando, se casó, fue madre de cinco, viajó con toda la familia siguiendo los cambios de destino de su marido, volvió a trabajar, obsesionada con la idea de la ¨casa propia¨, estudió inglés, leyó incansablemente, escribió, viajó cuando pudo, y nos deja a mí y a todos sus nietos, sus conocimientos como un regalo; sus lecturas, sus pasiones. Entre las ciudades, Florencia, que se conoce al dedillo de sólo leer el capítulo correspondiente en la Enciclopedia Barsa–cuando finalmente hace el viaje, allá por 1957-, queda fascinada. Entre las constelaciones,  Casiopea, y entre los árboles de adorno, la catalpa, sus olorosas flores blancas parecen servidas en la gran hoja acorazonada, y la paulonia, cuyo fruto, una nuez ovalada, contiene  más de dos mil semillas aladas, que parecen bailarinas en miniatura...
Conoció a quien sería mi abuelito Fidel en Culiacán, en 1922, y se casaron  cuatro años después. El murió a los setentaicuatro, de un infarto.
En 1967, un mes antes de mi partida a Francia, ella resbala en la calle, cae y se rompe el fémur de la pierna derecha. Sobrevivió aún veintidós años, inválida, pero animosa, siempre sociable, siempre generosa.
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Saturday, December 8, 2012

Diario, 2

Quise iniciar el hermoso cuaderno que me regaló mi hermana Eugenia con una imagen positiva, y decidí hablar de los dos o tres días resplandecientes que me tocaron el suerte en el DF. Subió la temperatura, se despejó el cielo y brilló el sol: sobre las cúspides nevadas del Iztac y del Popo, sobre las copas frondosas de los árboles que rara vez pierden su follaje en esas latitudes, sobre los jardines floridos, tanto el de mi amiga María como el de la Residencia San José, en San Jerónimo Lídice.
Por la noche me acompañaba la Chata, la gata más vieja de las tres que tiene mi amiga, en cuya casa me alojo cada vez que voy a visitar a mi mamá. Por la mañana entraba el sol a raudales por las paredes encristaladas de la sala.

Leía a Proust. Encontré esta bella descripción de la medusa:
"..si je savais la regarder, je voyais une délicieuse girandole d'azur. Ne sont-elles pas, avec le velours transparent de leurs pétales, comme les mauves orchidees de la mer?"
Lo copio para mostrarle a Valeria, cuya fotografía de una medusa había aparecido en la revista Cuentos, para ilustrar uno de ...
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De modo que, hasta donde pude ver, el 'invierno inclemente' de México había llegado a su fin, ¡antes del 30 de enero!
Un día, después de visitar a mi tía Esperanza (cumplirá 95 en marzo, está sorda como una tapia, pero enteramente lúcida: habla del pasado, presente y futuro con toda claridad, sin confundirse).
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Entre tanto, la esfera familiar, como los planetas en el universo, ha girado de nuevo hasta llegar al punto en que ha habido nuevos encuentros y reconciliaciones.
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Mi madre vive en un mundo de fantasía, alimentado de memorias y viejos deseos reprimidos. Pero no es un mundo triste ni deprimente, al contrario: todo en él apunta a la alegrías y la felicidad. ¡Menos mal!
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Diario de Xalapa




Luz vespertina. Dominguera. Rosa y dorada. Van a dar las 7pm. Salí hace diez minutos de casa de Susi, habiéndome despedido hasta el próximo viaje, a mediados de enero. Bajé por la escalera hasta Xalapa 2000, no sé cómo se llama la avenida, y tomé un taxi. Me trajo hecho la mocha… Pagué, bajé, subí a la terraza de la Posada. Conecté muy campante mi maquinita, dispuesta a escribir las impresiones del día. Y en eso… me percaté de que dejé olvidada, por no haberla empacado a tiempo, la hermosa máscara de tigre color naranja que Susi me regaló para Alan. SHIT. Llamo a Liz, que voy para allá, de vuelta. NI modo. Vale la pena el viaje.

Hoy llamaron a casa Susi: Ofelia, Maru, Euge, y yo llamé a mi mamá para que la saludara.

Comimos paella de la Casona, con copa de rosado. Gelatina de cajeta. Y le entendí, con cierto esfuerzo mutuo, prácticamente todo lo que ella me quería decir.



Fui en taxi por la máscara, de volada. Liz me esperaba con ella a la puerta. De regreso, compré un yogurt grande, de ésos hechos en casa, en la miscelánea de la esquina, y me vine al cuarto. Empaqué. Prendí la tele. Tomé el yogurt, rico, con unas cuatro galletitas de nuez (guardé dos para mañana, el viaje). Luego de lavarme los dientes y ponerme la piyama, vi que estaban pasando en uno de los canales, TODO EL PODER, que ya he visto dos veces, pero es muy buena. Cada vez más impresionante: refleja el horror de la corrupción y el crimen organizado en México, pero se queda corta respecto de lo que está sucediendo actualmente en el país…

Poco después de las 10pm llamé a Brian; platicamos. No salió el fin de semana, cenó hoy con Catherine y Phil.

Yo, todo el día fantaseando sobre la posibilidad de pasar, en el futuro, la mitad del año en Jalapa.



¡Ah! Llamé a Lourdes (Lulú) L, de la UV, de gran confianza de Susi y Gloria, a quien S ha pedido que sea testigo a la hora del cambio de testamento. La misma que al parecer tiene gran interés en que se protejan los de las cuidadoras…OK.

No me gustó su voz, su manera de tutearme: algo duro, distante y defensivo a la vez. NO parece que se haya redactado el dichoso nuevo testamento, sólo se habló de él.

En general, salgo de aquí más tranquila de lo que llegué. Con apoyo de los buenos cuates de mi hermana (Tomás, Efrén, Victoria y Adriana) y sobre todo con el apoyo de la propia Angélica, que me permitió que le entendiera prácticamente todo lo que me decía, siento que cumplí mi misión.

La visita al Jardín Botánico fue tremendamente relajante.



Desde entonces han pasado mes y medio. Tomás sigue visitándola semanalmente, y conéctandose por Skype con amistades y parientes (Eva la vasca, Richard, Pablo, una servidora) .



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Friday, December 7, 2012

Diario. Enero 2013

Empiezo a entender en qué consiste mi uso del BLOG: cajón de sastre, no diario, menos como registro de apuntes privadas que como ¨noticiero¨, es decir publicación al día de reflexiones que puedan abrir un diálogo, merecer un comentario ajeno.
Veamos, pues:
A mi prima, artista de gran calidad, hoy le repondo:- Sí, Selva, el (uno cualquiera) pájaro azul SIEMPRE será el de la felicidad. De la juventud, ya no sé. A menos que entendamos -como tal vez debiéramos- la felicidad como una forma de juventud del corazón y la mente. (Ya quisiera yo encontrarme en la mañana, aunque fuera sólo por su piar, con un pájaro de cualquier color, en esta torre en medio de otras torres...).
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Agenda: Cada año Brian me regala la que le llega de American Express. Un (costoso) volumen considerable, tamaño carta, empastada en negro con letras doradas: mapa del continente americano, año, y The American Express Appointment Book. 232 páginas para ser exactos. En la agenda, una página contiene tres días, cuatro la otra, cada uno dividido, como debe ser, en doce horas -de vigilia-, con dos renglones para cada una. Ideal para acordarme -con suerte- de todo, en todo momento.
El único inconveniente es que, por las pastas duras, para poderla consultar la tengo que tener abierto sobre el escritorio, o si cerrada, abrirla cada vez. Entonces, lo que hago año con año es acudir a la fotocopiadora más cercana, ¨Foxy¨, y pedir que me la desencuadernen y, una vez desacartadas las pastas, la engargolen, con lo cual puedo dejarla sobre el escritorio al lado de mi cama del lado que me conviene, en el espacio correspondiente a una página tamaño carta. ¿Me explico?
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De ahí pasé al Housing Works -ya tenemos uno en Broadway entre 96 y 97, hecho que representa, sin lugar a dudas, los cambios ocurridos en el Upper West Side en los últimos años: diferencias de ingresos más marcadas entre la población, como, por lo demás, en todo Manhattan- a dejar unas series de videos sobre un detective inglés.
A cambio, me compré dos simpáticas tazas de peltre azul con pintitas blancas, que hacen juego con mi azucarera, y me llevan de vuelta a la infancia en casa de mi Male, cuya cafetera siempre colocada sobre la estufa, era de este tipo, de la que tomaba varias tazas de café aguado y hervido a lo largo del día.
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Finalmente, esta mañana gris, fría y de llovizna, al correo a dejar cartas con foto de Angélica para mi mamá, y mis amigas Martha, de México, y Nora, de Roma.
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Wednesday, March 14, 2012

Epitafio

A destiempo

Por lo visto, murió en mi sueño, es decir, mientras yo dormía. ¿Cómo pude haberme descuidado? Pendiente siempre de la publicación de su última novela, colección de relatos, o memorias, grandes o pequeñas, ¿cómo pudo habérseme pasado desapercibido su último suspiro?

Debo haber andado distraída, pensando en otras cosas, atendiendo a otros menesteres de la vida diaria, leyendo incluso a otros autores. O... ¿no lo estaría leyendo, precisamente esas sus Pequeñas Memorias, que me dejaron extraña, excepcionalmentemente insatisfecha, en los días en que ud. llegaba a su fin, en que, como acabé enterándome por Wikipedia, un año después, ¨la mala salud lo venció y terminó matándolo¨ -curiosa forma de expresarlo.

Uno no cree que sus autores favoritos sean inmortales, como sí cree que su obra pueda serlo –pero espera al menos que la noticia le llegue, por así decirlo, fresca- como la de los Premios Nobel-, para poder lamentarla apropiadamente, en el momento.

A doce meses, o más, de distancia, es ridículo asombrarse: ¨¡Cómo! ¿Saramago ha muerto?¨

Afortunadamente, con la noticia a la que llego a destiempo, viene otra, de vida ésta, de creación, y para mí de continuación de mi ¨amistad¨ con usted, que deja un libro del que yo no había oído hablar y que me está esperando: ¨Caín¨.
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Monday, March 5, 2012

La gitana zalamera que te ofrece

una ramita de romero

en medio de la mutitud,

en una soleada calle

de Sevilla

no es la loca de Gericault...


Tu madre, convencida

de que sus propias memorias

(que ella ha extraviado)

están fielmente recogidas (de principio a fin)

en las de su madre

-muerta compos mentis veinte años atrás-


Tú, escribiendo a la luz de un farol

las de tu madre


La gitana que lee en tu mano

el pasado y el futuro

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Wednesday, January 25, 2012

Los viajes


“Travel is, above all, a test of memory” -Paul Theroux, The Old Patagonian Express,
-“El viaje duró dos días y dos noches. Sólo entonces comprendió Karl la magnitud de los Estados Unidos” - Kafka, America, trad. al español.
Viajar. El sentimiento de libertad que aflora en cada partida, y el de aventura en cada llegada al lugar de destino.

I
La ventaja de regresar a un lugar que uno pensaba conocer y recordar bien y que encuentra cambiado, además de cambiado uno mismo, claro está, con quién sabe cuántas modificadas ideas acerca de los viajes y la vida en general- es que, al final, es como si llegaras a un lugar nuevo, al que se llega, de todos modos, con un bagaje de imaginación. A mí me pareció algo semejante con la vuelta a Florencia, en el 2003, después de 27 años. Además de los olvidos, de las “traiciones” de la memoria, etc., estaban los hechos reales: cambios en la ciudad, un museo del Duomo que NO existía; obras de reparación en la Piazza, etc. Y, de los Uffizi, ¡era tan poco lo que recordaba! Con lo cual la visita resultó refrescante y satisfactoria.
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La pareja viajera

Parten como si nada. Hacen maletas como si fueran enchiladas. Se despiden de parientes y amigos con la sonrisa en los labios. Dicen ‘me voy al otro lado del mundo’ como si fuera a la acera de enfrente...
Cuando se conocieron, unos cien viajes atras, él llevaba ya unos cinco años de haber dejado su tierra sin tener plena conciencia de que no iba a querer regresar. Era su primer vuelo, su primera salida del país, y siendo éste Australia, tenía que ser ‘al otro lado del mundo’. Una beca a la escuela de verano de Tanglewood. Una vez que hubo regularizado su situación migratoria, lo primero que hizo fue planear un primer viaje para ver a su madre –el padre había muerto en el lapso en que a él le era imposible salir del nuevo país.
La agente que se encargó de hacerle las reservaciones le explicó que por el precio de ese pasaje, tendría derecho a detenerse prácticamente donde quisiera sin cobro extra. Esto fue lo que le abrió el apetito, las ganas de ver, de conocer. Y mientras más vio, de Singapur a Bali, de Tokio a Nueva Delhi, de Teherán a Atenas, más quiso ver.
De modo que, si hasta los 27 había vivido sin saber lo que era cruzar fronteras ni volar, a partir de los 32 surcó cada verano los aires de más de un continente.
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El de ella ocurrió a los 22, también mediante una beca, para estudiar en Francia. El deslumbramiento consistió en descubrir que podía cruzar fronteras, encontrarse en otro país con otro idioma y costumbres, en pocas horas, por avión o tren. Se acostumbró a viajar, a trasladarse, a dejar atrás lugares y personas.
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Diálogo con mi cuñado Alejandro sobre los viajes:

- Qué buena inversión han hecho en ustedes mismos viajando como viajan. Supongo que es un acuerdo tácito. Pero ¿qué es? ¿vacaciones? ¿un deseo de conocer? ¿curiosidad?
¿hobby? Lo más seguro es que sea todo a la vez, y lo mejor de todo, que se complementan los dos y que tienen pata de perro (¿de donde vendría esa expresión? Porque los perros caminan mucho pero no viajan, porque no es lo mismo. Yo corría mucho pero no viajaba).

-Creo que se conjugan varios aspectos: las largas vacaciones escolares de Brian; su costumbre, a partir de que estuvo aquí con sus papeles en regla, de ir a visitar a su madre en Australia cada verano, y el lujo, por el tiempo disponible de tres meses, y la distancia que debía recorrer, de un extremo a otro del mundo, que se le ofrecía de parar en cuanto lugar quisiera, sin pago extra: esto le abrió más el apetito.
Para mí, la experiencia europea fue deslumbrante: la posibilidad de cruzar una frontera como quien va en México, del DF a Acapulco, y estar en otro país, otra cultura, otro idioma. De modo que, al casarnos, se juntaron, como se dice, ¡el hambre con las ganas de comer!
El otro aspecto: viajando, Brian y yo nos entendemos de maravilla: nos complementamos, nos comunicamos, funcionamos como relojitos, y lo disfrutamos a morir. Dejamos de ser territoriales y de querer controlar nuestro espacio: nos mostramos disponibles (Gide hacía el elogio de la disponibilidad).
Nos divierte viajar, nos descansa, nos entretiene, nos instruye, incluso sobre nosotros mismos. Y, creo, nos da la ilusión de que rejuvenecemos, pues en el viaje, al alejarse uno de la rutina, de lo conocido, de las obligaciones cotidianas, siente como que el tiempo se estira, adquiere otra dimensión. Saltando como chapulines de un lugar a otro, tres semanas nos parecen tres meses, no porque nos pesen, sino de tanto que vemos y hacemos. Al mismo tiempo, nos sentimos medio irresponsables, y medio descubridores...
Esto lo experimenté incluso cuando estaba trabajando en Roma y luego en Nairobi: aunque el horario era el mismo, o más pesado, en Roma, aunque había las dificultades de adaptación, seguridad, el nuevo alojamiento, etc., todo lo vivíamos como novedad y aventura, como oportunidad de ser residentes-turistas, habitantes del "mejor de los mundos posibles".
A eso debe añadirse que tanto Brian como yo somos bastante adaptables, nos separamos facilmente de nuestras posesiones, no nos importan mucho las incomodidades, no buscamos el hotel de cinco estrellas, sino el que tenga algo original, o sea rústico, aunque, por supuesto, limpio y seguro... En fin, que el dinero que gastamos en viajar nos parece la mejor inversión: ahora sí que nada ni nadie nos puede quitar lo bailado, ni un robo ni un incendio ni un terremoto. Y el tiempo, lejos de ajar o manchar los recuerdos, como los vestidos o la plata, los ilumina...
Ahora, no te voy a negar que, a veces, mi acompañante me distrae; tiene sus intereses en mente. No me ve como una cronista, sino como su comañera. Por lo tanto, tengo que robarle horas al sueño; o sacar el cuaderno cuando acabamos de comer en el restaurante, en lo que esperamos la cuenta, para anotar mis impresiones.

-De lo que me dices, deduzco cinco lecciones. Los viajes han sido un punto más de contacto entre ustedes y la física dice a más contacto más unión (primera lección).
Como a los dos les gusta viajar, es fácil coordinarse porque así lo desean (segunda lección).
Según el Sr. Einstein el gozo del viaje debería acortar el tiempo (pues cuando se está a gusto se siente que corre más rápido el tiempo), pero la saturación por las muchas imágenes y sensaciones nuevas recibidas, cuando se está acostumbrado a no recibir tantas, parece que alarga el tiempo (tercera lección).
¿Cómo es eso de la eterna juventud? ¿Viajando o siendo feliz? Parece que los cambios y la novedad ayudan (cuarta lección).
La mejor inversión es viajar, o sea invertir en uno mismo (quinta lección).
Ahora, ¿qué sucede, cuando no aprendiste a viajar, no hay muchos puntos de contacto, hay discrepancia de opinión, el tiempo se acorta y no invierto en mí? Mmm...

-Tal vez haya muchas maneras de viajar: y no todas necesariamente requieren pasaporte, pase de abordaje, cruce de fronteras geográficas. Se puede viajar dentro de la propia ciudad, o dentro de cada uno de los libros que leemos (si cumplen ciertos requisitos, por supuesto), en cualquier caso, está implícito el viaje dentro de uno mismo. (Mi hermana Susi me escribe al respecto:
-Por eso, cuando leo, todo el tiempo viajo; también cuando escribo siempre ando viajando e invitando al lector a que viaje conmigo, a los recovecos de mi mente, de mi visión.)
Me ha gustado lo de las cinco lecciones. Creo que para llegar a la penúltima etapa de la vida con el corazón bien puesto, hay que empezar por perderle el miedo a la muerte, lo cual significa, hay que estar dispuesto a jugársela –incluso en un viaje.
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TURQUIA----JULIO DE 2011

Las dos primeras semanas, en excursión organizada, con guía, y las dos siguientes por nuestra cuenta, en coche alquilado.

Son las 8.20hrs en Nueva York, las 15.20 en Estambul. Brian duerme. Hace tres horas que caímos rendidos en la cama del hotel donde, mañana, nos encontraremos con el grupo.
El trámite de visa fue rápido y fácil (lo contrario de lo que habría sido en el consulado de Nueva York). Una cola reducida: veinte dólares, sello en el pasaporte.
Lo que fue horrible fue la espera para pasar inmigración. Dos ventanillas abiertas para cerca de cien pasajeros. Casi una hora en eso, con calor (y cansancio).
Después de recoger las maletas, sacamos liras turcas (a 1.40 por 1 dl. cuando empezamos el viaje) del cajero automático y salimos en taxi autorizado.
El chofer, un joven moreno claro, de ojos verdes y una sonrisa solar. Ni pizca de inglés: le mostré el papel con el nombre del Hotel Halic. Entendí sin embargo, cuando a la salida su superior le llamó la atención por traer baja una de las llantas. Y, obviamente, cuando se detuvo poco más adelante en una estación, disculpándose con la misma sonrisa, para ponerle aire.

Brian trajo consigo, no tres o cuatro, sino SEIS guías (cuatro para Turquía, una Rhodas, y una toda Grecia... Por consiguiente, ya en las primeras horas del domingo estaba en condiciones de proponer que tomáramos por la mañana el transbordador que sube por el Bósforo, de Estambul hasta Anadolu Kavagi, donde había las ruinas de un castillo medieval y desde donde se tenía una vista maravillosa y donde comimos un rico pescado con mejillones y calamares fritos y ensalada, por 20LT.
(De esos mejillones, probablemente, nos sobrevino entre esa noche y el día siguiente, un malestar estomacal que nos duró poco mas de 24 horas...)
Al regreso, entramos a un Bazar extensísimo, y después nos enteramos de que no es el principal, sino el de las especias; fascinante. Los bazares de Turquía, cubiertos: una estrella de calles donde muy pulcramente se exhibe la mercancia. Compro unos dátiles, para comer sobre la marcha; deliciosos. A 30LT el kilo.

Empiezan los madrugones...
De regreso en el hotel, encontramos un anuncio de la empresa COSMOS, firmado por nuestro aún desconocido guía de nombre geográfico: Levant. El lunes nos despertarán a las 6hrs; deberemos dejar las maletas fuera del cuarto a las 6.30, bajar a desayunar y estar listos para encontrarnos en el vestíbulo a las 7.30.
Estambul:
Descansamos un rato, y salimos a caminar por Beyoğlu, un distrito situado en la parte eurpea la ciudad y separado del casco antiguo (península histórica de Constantinopla) por el Cuerno de Oro. Leo que en la Edad Media se conocía como Pera (en griego "el otro lado"), nombre que se utilizó hasta principios del siglo XX con la fundación de la República). Se trata de un simpático barrio cercano al hotel (ubicado éste sobre una avenida con vista al mar, a poca distancia del Puente Galata y de la Torre del mismo nombre, a la que subiremos diez días más tarde, para abarcar con la mirada esta ciudad increíble). La Avenida Istiklal, ancha y peatonal, llena de negocios elegantes, galerias de arte, librerias, consulados extranjeros, heladerías, cafés, juguerías (el de granada, una delicia, a precio de oro); gente de todas las edades, de todas las nacionalidades y creencias. Se mezclan los estilos antiguos y modernos. Por ahí, el Hotel Pera, donde se alojaron, en su día, Agatha Christie, Hemingway; la Catedral de San Antonio de Padua. Ese domingo, nos toca el fin de una alegre marcha con la bandera del arcoiris, que más tarde conectamos con la aprobación de la ley que autoriza los matrimonios homosexuales en Nueva York.
La zona de restaurantes, muy animada: callecita tras callecita con mesas al aire libre. Lástima que sea ahí donde se permite fumar , y cuando hay humo de puros, preferimos entrar. Lo hacemos en un restaurante griego, donde pedimos pescado con papas, y cerveza turca, Efes: Efesos en turco.
No será sino hasta la segunda estadía en la ciudad, al regreso de la gira, cuando pueda confirmar lo fascinante que es: cosmopolita, variada, interesante, exótica a la vez que europea.

En general, se ve prosperidad en Turquia, mucha construcción, de carreteras, de edificios, y reconstrucci ón de los viejos. He leído articulos sobre el carácter autoritario del gobierno, no le gustan mucho las criticas; no le caen bien los escritores que sacan a colación la masacre de los armenios.-- Precisamente estoy leyendo "The Bastard of Istanbul", de Elif Shafak, novelista turca, que toca el tema de la sociedad multicultural -griegos, armenios, judios, turcos que convivían en paz, hasta el inicio de la República. Claro que Atarturk hizo mucho, para empezar, logrando la independencia y creando un país moderno. De hecho, ningún autor turco que se respete condona la matanza de los armenios, y cada vez que publican una crítica, se les censura.

Las capas de historia y cultura son impresionantes: hititas, licios, lidios, griegos (Alejandro fundó un sinnúmero de ciudades), romanos, bizantinos, otomanos...

Adelanto que nos privaremos, ¿por timidez? de tres ‘experiencias turcas’.... entrar a un hammam (el baño turco), tomar una bocanada del narguile (pipa de agua), intentar aprender a jugar backgammon...
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Como no creo poder abarcar la experiencia de todo un mes en un país tan rico, me limitaré a ofrecer apuntes. Para empezar, un resumen del itinerario con el grupo Cosmos:
En autocar, de Estambul a Gallipoli, donde se encuentran los monumentos a los soldados australianos y neozelandeses masacrados ahí durante la Primera Guerra Mundial. Fatídico episodio de la historia, en un paisaje de una belleza sin par.
Pasamos la noche en Canakkale, lindo puerto al otro lado de los Dardanelos (Mar de Mármara). Al dia siguiente seguimos rumbo a Troya. Visita de las ruinas, explicación acerca de las varias Troyas superpuestas.: nueve desde el siglo 13 antes de Cristo. La sexta, posiblemente, es la de la Iliada, unos 800 años antes de Homero, nacido, como Herodoto, en una de las colonias griegas de Asia Menor No hay mucho que ver. Los artefactos encontrados se exhiben en museos arqueológicos (el estupendo de Estambul, entre otros)...
De ahí, una larga tirada hacia Izmir: breve parada, en la parte moderna de la ciudad. A partir de 1925, nos dice el guía, empezaron a quemar las viejas construcciones de madera. Es una ciudad de cinco millones, con un hermoso puerto.
Llegamos a Kusadasi, pegado al mar, donde pernoctamos. Nos espera la visita a Efesos, para mí una de las más importantes del recorrido (Cappadocia, es la otra): el maravilloso sitio arqueológico, donde se suceden las etapas de la presencia grecorromana, en un muestrario marmóreo y resplandeciente bajo el sol egeo. Templos de antes de la era cristiana y de los primeros dos siglos de ésta. El anfiteatro para 25 mil asistentes; los baños públicos, el burdel, indicado por la huella de un pie; la maravillosa fachada de la Biblioteca de Celso. La visita no incluye las casas en terrazas, de la época romana, pero uno de los libros que traemos la recomienda, de modo que compramos nuestras entradas y nos apartamos por una media hora del grupo. Las casas se encuentran actualmente en proceso de restauración, bajo cubierta. Lo que puede verse basta para dar una idea de su elegancia, cada una con vista abierta del paisaje, pisos de mosaicos bien conservados, pinturas en los muros, como en Pompeya.

A continuación, nos detenemos a ver la iglesita construida donde estuvo la casa en que se dice vivió la Virgen María sus últimos años.
La siguiente parada, en el quinto día, Denizli, pasando por el Meandro Griego, la zona más fertil de Turquia. A un lado de Pamukkale, las impresionantes formaciones calcáreas como terrazas de hielo, atestadas de rusos en bikini, se encuentra el extenso sitio arqueológico de Hierápolis, y el museo, muy interesante.
Esa noche, después de la cena, salimos a pasear por la iluminada calle principal del pueblito de Denizli: compro higos frescos y un jugo de granada, tan delicioso. Comercios, artesanías, utensilios de cocina, faldas largas, pañoletas (también les decimos en México ‘mascadas’, creo que por ser la primeras conocidas originarias de Mascate, la capital de Omán).

Momentos de pánico, a la mañana siguiente cuando hay que dejar las maletas cerradas a la puerta del cuarto, a las 8, antes de bajar a desayuar. Al terminar y subir de nuevo, no encuentro la llavecita de la caja fuerte. Tomo aire. Recuerdo que la noche anterior la cambié –las coqueterías femeninas, tan poco prácticas- a la bolsita de cuero para salir a cenar... Y al hacer la maleta, la metí en ella, ¡con todo y llave!! Salgo como de rayo. Son las 8.45 ya, pero afortunadamente, en el vestíbulo, todas las maletas siguen alineadas, esperando su traslado al autocar. Encuentro la mía, la acuesto en el piso, abro el candadito, levanto una capa de ropa, y ahí está la bolsita, y adentro la llave. Salvada.

Arrancamos hacie el este, apartándonos del mar. Pasamos por Aydin, una zona fértil, donde, se nos dice, los valerosos soldados ganaron todas las batallas contra los griegos... Paisaje montañoso, seco -zona de terremotos, nos dice el guía- camino a Konya ; a unos mil metros de altura en la región sur central de la vasta estepa anatolia. Se trata de una ciudad grande y religiosa. Abundan las mezquitas, sus minaretes clásicamente otomanos en punta de lápiz, verdes y azules, visibles a la distancia. Visitaremos el Museo de Mevlana, antigua mezquita donde se encuentra el sepulcro de Rumi, poeta sufi del siglo 13, fundador de la orden de los derviches danzantes, y los de sus seguidores más importantes. Los visitantes musulmanes lo tratan como un lugar de culto, y oran frente al terciopelo verde y los turbantes blancos. Se escucha música de fondo, mientras contemplamos los objetos de arte, colecciones de poesía, manuscritos iluminados, instrumentos musicales, tapetes para la oración en las vitrinas, y pinturas en los muros: escritos en árabe.
Pese a la advertencia de Levant: ‘no se aventuren por las calles; aquí no son muy tolerantes con los extranjeros’, Brian me propone antes de la cena, que vayamos a caminar por el bazaar, contraesquina del hotel. Callecitas con negocios: una mezcla de artículos para turistas y de uso diario para la población local: utensilios de cocina, electrodomésticos, blancos, prendas de vestir, como las faldas largas y de diseño y color poco menos que monásticos: florecitas blancas sobre fondo negro, la ropa interior (calzones de algodón hasta la rodilla, por lo menos), y las gabardinas grises con que se cubren las musulmanas, incluso con estos calores. También una extensa variedad (su única coquetería) de pañoletas para la cabeza (en esto consistía el famoso bazaar de la seda de Bursa): şal o eşarp, en turco... En otra calle encontramos los productos alimenticios, frutas y veduras frescas, frutas secas, especias.
Un recuerdo muy agradable de esa breve estadía fue ver el atardecer rosa y dorado, desde la terraza en el tercer piso del hotel, con la cúpula verde de la mezquita bajo la luna plateada.
...
Inesperadas, para mí, en medio de las formaciones rocosas gigantescas y variadas de Kapadokia (el nombre en persa significa: ‘tierra de hermosos caballos’; su pronunciación original se italianizó):, las extraordinarias capillas de los primeros cristianos talladas en la roca , en los siglos XI y XII.. Conmovedoras, esos frescos de los iconos milenarios: el Cristo Pantocrator, la Virgen., en las cuevas que servian de lugar de culto. Incluso los nombres de las iglesias encantan: de la manzana, de la oscuridad, de la hebilla . También visitamos las ‘ciudades subterráneas’ excavadas por dichos cristianos para salvarse de la persecución de los romanos. Este sitio, a mi juicio, es comparable en interés geológico, histórico, cultural, con Efesos.

En Avanos pagamos para asistir esa noche al espectáculo de música y danzas tradicionales, se diría que de influencia cosaca, y la del vientre, en un escenario semicircular, para público turco, con mezze y bebidas (la de cereza amarga, fermentada, es deliciosa). El espectáculo es interesante y simpático.- No se siente como una farsa para turistas extranjeros, sino algo más moderado, más respetuoso de las tradiciones.

A continuación, la capital.
En Ankara como en Estambul anchas avenidas y bulevares bordeados de frondosos árboles, flores (rododendros de hermosos colores, o rosas) en los jardines públicos. El Museo es muy interesante, pero la visita al Mausoleo* a Atartuk, exagerado, feo, nos parece una pérdida de tiempo: Otra cosa es la tumba del rey Midas, en el museo arqueólogico de Gordion (del nudo que Alejandro cortó de un limpio golpe de espada), y su contentido, incluso el cráneo deformado del rey, en el museo de Ankara.
*(el original, al rey Mausolo de Caria, erigido por su esposa Artemisa en Halicarnaso, dio motivo para que la palabra mausoleo pasara a casi todos los idiomas para designar un monumento funerario muy suntuoso. En su construcción trabajaron los arquitectos, escultores y pintores más famosos de aquel entonces en Grecia, y fue tal su perfección y belleza, que se la consideró una de las “Siete maravillas” del mundo antiguo.Construido en el año 353 a. de J. C, se mantuvo en pie hasta el siglo x, cuando fue destruido, juntamente con la ciudad de ese nombre, por los turcos. Algunas de sus estatuas se conservan actualmente en el Museo Británico de Londres).
Visitamos sus ruinas en Halicarnaso –la patria de Herodoto-, vecina a la moderna Bodrum.
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Una fascinante mezquita del siglo XX en lo alto de un promontorio.
En Ankara (cuatro millones de habitantes en toda la provincia, contra los trece de la gran Estambul), ciudad universitaria, industrial, encontramos a espaldas de nuestro hotel toda una zona de cafés y restaurantes: una calle para turistas, otra para estudiantes, otra, sólo para hombres que, con cigarro en la mano, y botella de cerveza o taza de café a un lado, juegan dominó, backgammon... En otra hay restaurantes de comida tradicional, donde no se vende alcohol, y el cliente se acerca a la vitrina a elegir los platos del menú del día...

De ahí pasamos a Bursa (y su provincia: tres millones), antigua ciudad, muy encantadora (la llamaban la Verde, por el bosque que la rodeaba, muy disminuido ahora, y con todo, impresionante), con su mezquita del siglo XIV, menos interesante que la mencionada más arriba. Pero un bazaar de seda muy hermoso, así como jardines, fuentes, enormes y centenarios sicomoros (plátanos). Ahí, en el almuerzo, probamos el delicioso Iskender
( Alejandro) Kebab: sobre una pieza de pan pita (pide, en turco, ¿vendrá de ahí pizza?): salsa de jitomate, rebanadas de cordero, mantequilla derretida... a un lado, yogur espeso; para tomar, jugo de uva, todo esto recomendado por el propio Levant (nuestro ojiazul guia), que la recomendo y por tanto come también ahí.. En la otra esquina, una dulcería donde compramos castañas glaceadas, y yo pido un memorablemente delicioso barquillo de helado de fresa .
En el bazaar principal, frutas y verduras para morir... melones, calabacitas, berenjenas, jitomates rojos como sangre, chabacanos, duraznos, peritas,ciruelas...
Se ven contrastes más marcados entre lo moderno y lo tradicional: moda, edifcios, costumbres (Mc Donald’s, y los mentados Iskender Kebab). Después de la cena en el hotel salimos a pasear, entre 8 y 9pm. Niños y niñas sonrientes, dejándose fotografiar por los orgullosos padres,delante de la fuente de corros danzarines. Más agradable espectáculo este, a la luz de la luna, que el de la Gran Mezquita con su masa de turistas, nacionales y extranjeros, que caminan y como quien pasa un brochazo de pintura sobre un muro, llevan la mano con la camarita digital apuntando hacia las bellezas y no bellezas del lugar, cuando no hacia sí mismos, en pareja... Más tarde mostrarán las fotos, sin saber que decir sobre su contenido, o la historia del objeto.
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Al dia siguiente cruzamos en transbordador el Mar de Mármara hacia Mudanya, en el lado asiático de Estambul. A ésta llegan, en estos dias de verano, cruceros gigantescos que pueden descargar en un sólo dia, hasta dos mil pasajeros.
Los sempiternos (según leo en Pamuk) pescadores en el puente Galata, y en el Atartuk, sobre el Bósforo, o entre este y el Cuerno de Oro.
En Estambul, algunos edificios, como menciona Orhan Pamuk en sus Memorias de la ciudad, se están cayendo, pero en general el aspecto de la ciudad es de renovación y cuidado de las bellezas arquitectónicas y de interés histórico. Se dice que si el Gobierno invierte mucho en estas obras de renovación y embellecimiento, es sobre todo por motivos políticos, por hacer buena letra para entrar en la UE. Pero el caso es que lo hace.
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Los desayunos. Al principio, tomo el occidental al que estoy acostumbrada, pero poco a poco la curiosidad de me lleva a probar aquello con lo que los turcos empiezan el día: rebanadas de pepino y tomate, queso de vaca y de cabra, pan con ajonjolí, huevos cocidos, y el té fuerte, en un vasito en forma de tulipán. Me hago adicta, pues tanto las verduras como los quesos, los huevos y el pan son deliciosos. El rico yogurt espeso lo reservan para la comida o la cena, como acompañiento del plato de carne de cordero, por ejemplo.
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Nuestros companeros de viaje: tres parejas de musulmanes, ellas con la cabeza, el cuello, los brazos y las piernas cubiertos; ellos, con vestimenta occidental. La de Mauricio, se ve como una pareja asentada, de muchos años: hablan francés; la de Omán es de recién casados, y ambos hablan bien en inglés (de hecho ella daba clases de ese idioma), son jóvenes los dos, procuran sentarse aparte cuando pueden, él a veces le pone a ella bocados en la boca. La de Abu Dhabi es algo desigual: una diferencia de veinte a ños, tal vez. Muy muda ella, y se la pasa jugando con su aparato digital: él muy interesado en autos, los colecciona (“En Abu Dhabi la gasolina es casi gratis!”). Ella, además, de mal humor, por lo menos hasta la visita al negocio a donde nos llevan chofer y guía, para que admiremos las prendas de piel , tratadas para verse y sentirse como seda. Desfile de modas, e infusión de manzana en los ‘tulipanes’. El marido, pequeño, moreno, compacto, le compró un abrigazo (¿para los fríos de su tierra?), y a partir de entonces, ella se
mostró dulce con él.
Huelga decir que, mientras que las occidentales teníamos, al entrar a una mezquita, que cubrirnos cabeza, hombros y piernas (a la entrada ponían a nuestra disposici ón los velos necesarios), nuestras compañeras entraban como Pedro por su casa...
Dos mujeres de Liverpool, de cabello corto y acento ininteligible. Un matrimonio de Londres (él historiador, si mal no recuerdo, ella muy afable), otro de Nueva Zelandia. Una joven pareja de Minessota. Otra inglesa, sola, de aspecto frágil y movimientos lentos. El último día, en la mesa del desayuno, revela que había planeado este viaje con su hija, el año anterior, pero la hija había muerto, y entonces la madre hab ía decidido hacer el viaje ahora, sola.
En diferentes momentos, a lo largo de estos quince días, cuando no estamos con todo el grupo, tomamos café, nos encontramos de casualidad en un sitio, o salimos a cenar con unos u otros.
Al despedirnos, nos sentimos en la obligación, o nuestra intención es sincera, de intercambiar direcciones electr ónicas. Esto, al regreso del viaje a Egipto, y en vista de los acontecimientos casi inmediatamente posteriores, dio un animado intercambio, por lo menos los primeros meses. Esta vez, no.
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AL terminar el recorrido en grupo, empezamos uno por cuenta propia, en coche alquilado. Y con el, las responsablidades.Salir del hotel, tomar taxi a las oficinas de AVIS, cerca de Taksim. Hasta cierto punto, esta segunda etapa de “responsabilidad” se facilita habiendo recibido informaciones previas de Levant, nuestro guía. Pero, no deja de ser necesario ‘estar pendiente’. En Avis, por ejemplo, me acuerdo de preguntarle al representante cómo se pide: “tanque lleno con gasolina ...”. Es poco menos que impronunciable, pero por lo menos, en adelante al llegar a la gasolinería, podremos reconocer la palabra y señalarla con el dedo...
Brian al volante, y yo con el GPS en la mano, nos dirigimos al puerto de Yenikapi, para embarcarnos en el transbordador a Yalova, y bajar hacia Afyon.
En el transbordador ocupamos nuestros cómodos asientos reservados. Vamos rodeados de turcos, estambulitas o visitantes, muchos de ellos rubios, ojiazules, y muchos hermosos, ellos y ellas, rubios o morenos: el resultado de la mezcla de tantas sangres...
Afyonkarahisar (por su nombre completo), tierra adentro, es una agradable ciudad tradicional. Existen ochenta mezquitas en la ciudad y sus alrededores, aunque no más de 175 mil habitantes. .No encontramos muchos turistas, y poca gente habla inglés, pero la mayoría se deshace en amabilidades.
En la mezquita de derviches somos bien recibidos: los clásicos féretros cubiertos con terciopelo verde, color de luto, y coronados con turbantes blancos. A lo lejos, la fortaleza, en la cima de un peñón, es impresionante. Más cerca, en una plaza, uno de los feos monumentos a los turcos victoriosos sobre los griegos, frente al Museo Atartuk, que no visitaremos. Aunque sí, al día siguiente, el Arqueólogico, notable por los restos lidios, frigios y romanos que contiene.
En nuestro recorrido, la gente no nos mira como si fuéramos animales raros. A la hora de la cena en el restaurante recomendado por la Lonely Planet, uno de los comensales nos guía hacia la sección, entre la cocina y el comedor, donde se exponen los peroles con los platos del día: berenjenas con carne, cordero horneado en su jugo, arroz, otras verduras... Y a los postres, es una joven turca que parece recién llegada de los Estados Unidos, la que en buen inglés, recomienda que no dejemos de probar la especialidad de Afyon: de harina y miel, con una crema espesa como mantequilla.

Salimos al día siguiente rumbo a Izmir, deteniéndonos en las ruinas de Sardis. –Me deleito leyendo las Historias de Herodoto: los reyes Creso y Ciro, las batallas, las victorias, las derrotas, las traiciones. Muchas de ellas se antojan los antepasados de nuestros cuentos de hadas occidentales, pasando por la mitología griega. Reyes que mandan asesinar a su nieto en la infancia; o matar y cocinar al hijo de un enemigo, a quien se lo dan para la cena...
Es una pena que yo haya previsto pasar sólo una noche y un día en Izmir, la antigua Esmirna, ciudad que merecer ía f ácilmente cuatro o cinco... Pero me orienté a estar en Marmaris en una fecha determinada, para de ahí embarcarnos a Rhodas, e hice las reservaciones de hotel en consecuencia. Resultado esto, también, de mi apatía para prepararme para el viaje con lecturas.
En todo caso, después de pasear por el bello malecón, nos encaminamos a la calle Dario Moreno – (Compositor, guitarrista de origen judio sefardita), al extremo de la cual se encuentra un elevador al estilo de los de Eiffel.

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Las mezquitas
Más que cualquier otra característica, ¿qué distingue el paisaje de la costa egea o mediterránea oriental de la occidental? No el cielo límpido sobre las ruinas magníficas, griegas y romanas, no el azul del mar, ni los campos de olivos o los viñedos. Son las agujas azules (los minaretes), las cúpulas espejeantes de las mezquitas (mescede, aunque en turco las llaman con su nombre en árabe: cami (jamia). Al amanecer, a media mañana, a media tarde, a la hora del crepúsculo, el llamado a la oración, multiplicado por cinco, por diez.
Visitamos varias de ellas. Cuando son museos, podemos entrar con nuestra vestimenta de turistas. Cuando son de culto, las mujeres deben cubrirse las piernas, los hombros, la cabeza. Todos entran descazos, o bien con los zapatos cubiertos con fundas de plástico azul. En las alfombras, el diseño, por bandas, indica dónde deben colocarse los pies, y dónde la cabeza... En algunas, el tufo a pies es penetrante, y puede verse a un encargado rociar el piso con agua olorosa (a sandía!).
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Bodrum (“calabozo”), la antigua Halicarnassos, donde nació Herodoto , es nuestra siguiente parada. Decepcionante, primero porque nos toca estar ahí un lunes, en que cierran Castillo y Mausoleo, y en seguida, porque es un lugar de playa eminentemente turístico, demasiado ruidoso. Y cenamos en la playa, con el mar casi lamiéndonos los pies, mirando hacia el Castillo, y acompañados de los infaltables gatitos hambrientos...

Marmaris, en cambio, se antoja mucho más tranquilo, y variado (pasamos ahí más dias, tenemos más tiempo para explorarlo). Se puede uno alejar de la multitud, pasear por callejuelas interiores, el bazaar, para llegar a un restaurancito recomendado en la Lonely Planet: en una esquina, bajo un emparrado, clientela local y comida casera, de ésa que uno mira en la vitrina y señala con el dedo: verduras mixtas, pollo, arroz pilau, dolmades.
En el hotel Karadeniz (Mar Negro), elegido como base para ir a pasar dos noches en Rhodas, la encargada me parece una versión turca de Melina Mercouri,tal vez menos atractiva, pero encantadora, sobre todo cuando sonríe. Uno de sus empleados nos indica dónde podemos dejar estacionado el coche durante ese período: en una callecita, sin riesgo alguno, ni de robo ni de multa.
Como nos ‘sobra’ un día en el puerto, y ya no somos gente de playa, después de la cena reservamos un paseo en bote para el siguiente. Unos sesenta pasajeros, muchos ingleses de Liverpool( ¡!: llegan a Turquia en cuatro horas de vuelo...) .La tarifa, 25 liras turcas, es una ganga, por casi casi siete horas de recorrido, con almuerzo y bebidas sin limite! Nos llevan a una gruta azul, y despues nos dan tiempo para nadar en las deliciosas aguas del Mediterráneo, mientras en la popa preparan el asado (izgara).sobre los carbones encendidos
Compramos los pasajes para el catamarán que sale rumbo a Rhodas el miércoles.

En la ciudad de Rhodas, a casi una hora de distancia de la costa turca, nos alojamos en los Mango Rooms, en la esquina de una placita arbolada, una fuente otomana y una mezquita en ruinas. Si bien Rhodas isla, tiene el privilegio de estar bañada tanto por el Egeo como el Mediterráneo, y su capital es la “ciudad medieval habitada más grande de Europa”,
en cierto modo, poco se distingue de lo que hemos visto hasta ahora en la antigua Asia Menor: murallas medievales, artesanías, el omnipresente ojo azul de vidrio... Pero en Grecia las mezquitas estan poco menos que derruídas, la moneda es el euro, se puede tomar Retsina con la comida, y sin duda ¡uno congenia más con el idioma!
Recorremos el Castillo de los Caballeros de San Juan, precursores de los de Malta, una estructura impresionante, y visitamos el Museo Arqueológico, en lo que era el Hospital. Una de las piezas ‘estrella’, del siglo I antes de Cristo: Afrodita de cuclillas, secándose la cabellera al sol (Lawrence Durrell se inspiró en ella para el título de sus “Reflections on a Marine Venus”.
Paseamos por el barrio turco: puro comercio, atiborrado de turistas, que apenas dejan apreciar las piedras de los muros (diez siglos de antigüedad), las callecitas laberínticas, empedradas, on sus arcos y arquitrabes. caminamos muy a gusto subiendo y bajando por sus calles empedradas.
Frente a la Mezquita de Ibrahim Pacha encontramos la taberna recomendada por el dueño de Mango; cenamos al aire libre, bajo la luna llena. No puedo negar que la estamos pasando muy bien.
Al regreso, ocupo una de las computadoras para conectarme a Internet y ver si tengo respuesta de los dos hoteles pendientes. La encuentro, afirmativa, tanto para la Pension Ferah, en Fethiye, como para el hotel Hideaway , en Kaş , recomendado con entusiasmo por la inglesa residente que conocimos en Trunc, la isla frente a Marmaris. La mujer atendía una tienda de ropa y libros usados, en beneficio de una asociación que recoge gatos callejeros para su adopción Ahí compré, por cierto, la colección de cuentos de Alison Lurie: “Women and ghosts”, que me gustó mucho y mantuvo entretenida hasta que lo pude cambiar, en la Pensión Tunc, por “Saturday” de Ian McEwan –buen ejemplo de lo que se puede hacer con la novela en nuestros días.

Para el segundo día, mi querido Brian ya me tiene planeado el itinerario. ‘Lindos es el punto más caluroso de la isla’ nos dice el mesero del café donde nos detenemos a desayunar, cercano a la puerta de Kolona, por la cual saldremos hacia el puerto de Mandraki, en la parte nueva de Rhodas. Ahí nos embarcaremos. De Lindos, en principio, nos interesa visitar sus ruinas grecorromanas, otro castillo medieval y una igualmente antiquisima iglesia cristiana.
Llevamos traje de baño para darnos una zambullida, al regreso. Mejor que tratar de encontrar lugar en la playa. Y aún así... más que un mar azul y fresco, parece una sopa de turistas: en su mayoría rubios y rubias (alemanes, holandeses, ingleses) de piel enrojecida, que tratan de acumular en el cuerpo todo el placer de sol y mar que no volverán a sentir en los largos meses de su otoño, invierno y primavera...
El mito de la isla es que Helios la eligió como su novia, y ella dio a luz a Cercafos, padre a su vez de Camiros, Ialyssos y Lindos, los cuales se unieron para fundar la ciudad de Rhodas.
El calor en Lindos es infernal. Subimos a pie la cuesta empedrada hast el pueblo, no a lomo de burro, como también puede hacerse. Desembocamos en una plaza de la que arrancan tres o cuatro callecitas llenas de comercios. Emprendemos la búsqueda de la Acrópolis, pero tomamos el mal camino, y tras un fatigoso ascenso llegamos a la parte más nueva de Lindos. Ahí tiro la toalla y entro a un negocio a comprar, no botella de agua, sino una gelatina en copa. Y me avengo a acompañar a Brian calle abajo hasta una plaza desde la que irá a buscar las ruinas, bajo un sol abrasador de mediodía. Nos explican que la ciudad de Lindos queda en una hoya, y por lo tanto la temperatura es diez grados más alta que en Rhodas. Mientras tanto, yo me refugiaré en la sombra fresca de la iglesia ortodoxa más antigua del lugar: oscura, pequeña, pero magnífica, exageradamente decorada, muros y techo, con pinturas e iconos.
Brian y yo nos hemos citado en la Taverna Dionisos, agradablemente refrigerada.
De regreso en la ciudad en Rhodas, una placentera brisa nos permite, antes de dormir cómodamente, disfrutar la caminata pasando por la Torre del Reloj y el Templo de Afrodita.

Iremos a visitar, por el día, otra isla griega, Megiste, la más pequeña de las del Dodecaneso, a veinte minutos de la costa de Kaş, el último punto de nuestro itinerario. El dueño del hotel turco, cuando le indicamos nuestro deseo de conocerla, tomando el transbordador, nos da el nombre del restaurante: el dueño es su amigo, y el padre ofrece recorridos en lancha a una gruta azul. Nos pide que le entreguemos al hijo unas veinte tarjetitas de su establecimiento, para que lo recomiende a su vez, a los que de Grecia quieran venir a la costa turca...
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Encontramos siempre gente amable, sonriente, dispuesta a ayudar desinteresadamente, y a nadie que quisiera estafarnos (¡a diferencia de lo que ocurría, lamentablemente, en Egipto!). Es cierto que anduvimos solos principalmente en la costa, donde el turista en verano forma parte del paisaje –afeándolo, no pocas veces.
Solamente en una ocasión, en la península de Dacha, nos enfrentamos con malas caras. Justificadas, como se verá a continuación.
Llegamos en día de mercado, y no es posible estacionar enfrente de la Pensión Tunc. Hablo con el gerente, quien indica a su empleado que me acompañe. Muy sonriente, éste nos ayuda con el equipaje e indica a Brian que coloque el coche en la entrada de la casa delante de la que nos hemos parado. Nos extraña un poco, pues a todas luces es una casa privada, pero le hacemos caso. Después de recorrer el simpático bazaar, de comprar chabacanos y unos dulces turcos, vamos a comer. Pasada la hora de la siesta, salimos con ganas de tomar el coche para dar una vuelta.
Bueno, para no hacer el cuento largo: un auto nos cerraba la salida; era del dueño de la casa; tanto él como la anciana que descansaba en su mecedora, en la terraza, nos miraron furiosos, a la vez que se llevaban ambas manos a la cabeza. No era, como yo pensé al principio, que condenaran la mía descubierta... ¡Nos estaban queriendo decir que parecíamos descerebrados!
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Fethiye

No dejamos de admirarnos ante las ruinas de la civilización licia (así como lidia y caria): las tumbas cavadas en la roca, o los féretros de piedra que coronan una columna. Fue parte del Imperio Persa, y por ahí pasó también, y dejó huella –un magnífico anfiteatro’, Alejandro Magno. Durante un tiempo se le conoció como Makri, y a ella llegó una considerable población turca de Grecia (islas y tierra firme), con arreglo a las condiciones del intercambio de poblaciones entre Grecia y Turquía, d 1923.
Entretanto, los griegos ase vieron obligados a abandonar Kayakoy, donde los turcos devueltos de Grecia decidieron no asentarse, por lo que existe ahora una ciudad fantasma, conservada como monumento. Es desolador ver los cubos de cemento, vacios y sin techo colina arriba, y la iglesia ortodoxa, de dimensiones considerables, en un estado lamentable de deterioro y aun asi, con restos admirables: muros pintados, pisos de mosaico, de su antigua gloria. Los griegos deportados de Fethiye fundaron la población de Nea Makri en Grecia.

En Fethiye nos alojamos en la Pension Ferah, en la parte moderna del puerto. Lugar preferido por los mochileros, aunque encontramos a algunos jubilados como nosotros... También en pendiente: se suben dos escaleras desde la calle, se llega a una especie de terraza: ajardinada que hace las veces administración, desayunador, sala de Internet. Y un poco más arriba, tres habitaciones y la alberca. Esta última parece más bien un tanque de agua limpia: unos cinco metros de largo por dos de ancho, y un metro de profundidad. Y con todo, se antoja darse un chapuzón al regreso de la fatiga y el calor, teniendo en cuenta que darse un baño (regaderazo o ducha) dentro del cuarto es labor de acróbatas. La cama a la derecha, dos ventanitas, escaso espacio para dejar las maletas. El baño carece de puerta, y la regadera está colocada prácticamente encima del lavamanos, que queda a un paso del excusado... ¡Sea por Dios! Como diría mi abuela!
El desayuno es rico y el ambiente, eso sí, muy cordial.
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Excusados -públicos De cada cinco, dos son de asiento, tres de acuclillarse.
En los hoteles de tres estrellas para arriba, bromeando le digo a Brian: -Sólo por la calidad de las toallas y la presión del agua, ¡debería aprobarse el ingreso de Turquía en la UE!
-Pero, por la población de gatos callejeros, tal vez no- me responde en el mismo tono.
En efecto, una enorme y triste cantidad de gatos callejeros por todo Turquia. En tiempos de Pamuk –nos cuenta en Estambul-, eran perros los que se enseñoraban de las calles. Los felinos, de todos colores y tamaños, se acercan calladitos a los comensales de los restaurantes. En un caso veo una madre con sus dos crías...En los jardines, uno pequeñito salta al regazo de una turista...
Claro que mejor gatos pordioseros, que humanos. Muy pocos, sobre todo gitanos; en particular la última noche en Estambul, una niñita de unos seis años, a quien se ve que los padres hicieron vestir con sus mejores galas de gitana para que pidiera limosna de mesa en mesa. Triste...

De regreso a Estambul, nos alojamos en el hotel Apricot de Sultanahmet, el corazón del viejo centro histórico, donde se concentran los monumentos más representativos de la ciudad. Calles estrechas, adoquinadas, empinadas, como la escalera del hotel... que sube a nuestra habitación, en el tercer piso. La dueña, una gringa afable y voluble, me había advertido por e-mail: ‘es muy pequeña, pero tiene balcón, con vista parcial de la Mezquita Azul’. Medio amoscada, y ya sabiendo lo que quería decir ‘muy pequeña’, contesté, entre veras y bromas: ‘entonces podremos colocar las maletas en el balcón...’ –Casi pude oír su carcajada divertida cuando respondió. Al menos fue perfectamente sincera. Después de medio desempacar, coloqué mi maleta de lado, entre la cama y la pared. En el balconcito cabía una mesa y dos sillas. En efecto, desde ahí se percibía, más allá de muros grises, y ventanas de oficinas, la magnífica cúpula y al menos dos de sus seis minaretes. Y ver, sentir o escuchar el aleteo de las gaviotas, sobre todo a atardecer.
Nuestra penúltima noche en esta ciudad sorprendente: hemos adquirido entradas para el espectáculo único de la danza de los derviches, reconocida por la UNESCO, como el flamenco*, parte del patrimonio intangible de la humanidad. Se trata en realidad de una ceremonia o sema de los sufi, cuyo centro principal se encuentra, como ya dije antes, en Konya, donde vivió y está enterrado Rumi. Si bien no puede negarse que la presencia de turistas ajenos a esta doctrina musulmana atenúa en cierto modo su autenticidad, debe reconocerse que la ceremonia, en un centro cultural y no en un restaurante, con cupo limitado, y el arreglo de las sillas en herradura, con la pista circular al centro, le concede un valor especial. Además, se nos advierte que está prohibido tomar fotos y aplaudir.

*En circunstancias semejantes nos tocó, a mi mamá, mi hermana Eugenia y a mí, asistir en Sevilla a un espectáculo de flamenco.

El programa comprende, antes de la danza misma, una concierto de música sufi con cuatro intérpretes, de tambor, flauta, laúd y harpa. Detrás de ellos, los cantantes, tres hombres mayores, evidentemente de autoridad. Cuando llega el momento de la ceremonia, aparecen los derviches (no recuerdo si cinco o siete), vestidos con túnica color tabaco y los grandes sombreros de fieltro gris en forma de cono. Salen al escenario, en medio de un respetuoso silencio, los cinco derviches: con capa negra (el cuerpo) encima del chaleco, la camisa y la amplia falda de tela blanca (el alma). Primero cada uno se arrodilla sobre una piel de borrego. Luego se ponen de pie, saludan al público, dando vueltas lentamente sobre el círculo iluminado. Se despojan de la capa negra , y con los brazos cruzados sobre el pecho, las manos sobre los hombros, los ojos entrecerrados, empiezan a girar, sobre sí mismos, y alrededor, como los planetas. Van separando los brazos del cuerpo, y levantan el derecho, con la palma hacia arriba (el cielo), mientras que la palma de la mano izquierda apunta hacia abajo (la tierra). Repiten esto una y otra vez, en giros hiptnóticos.
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Para el último día, nos queda una maravilla más: la iglesia bizantina llamada Chora, convertida en mezquita, pero con muchos de los mosaicos originales en los que se describe la vida de Cristo y la Virgen. Terminamos con dolor de cuello, pero ha valido la pena la observación atenta de esas obras de arte.
Saliendo de ahí, caminamos por el barrio, y desembocamos sin saberlo en la única iglesia ortodoxa griega en funciones, la de San Jorge. De hecho, llegamos cuando está por concluir la misa. Las griegas bien vestidas se hacen tomar fotos junto a los santos...
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notas

Idioma- No se parece a nada conocido. Y, sin embargo, escuchándolo, tiene tonalidades del alemán, del sueco...Estudio la lista para la lavandería que encuentro en los cuartos de hotel (los de cinco estrellas, a los que llegamos con el grupo, no los más modestos que hemos reservado): mendil es pañuelo (nuestro mandil: delantal), esarp (écharpe): velo, mantó: abrigo; kulot: pantaletas. Nada de árabe, aunque han adoptado palabras, por supuesto. Buenos días: Merhaba, o Gunaidin; gracias: tesherkur ederim (trato de aprenderlo, pero tardo tanto que para cuando voy en kur ya el taxi o el mesero han desaparecido...
El pastrami tiene sin duda tiene su origen en pastirma o bastirma:, carne de res curada al aire, que en sus tiempos los turcos del Asia central colocaban en trozos, a los lados de las sillas de sus cabalgaduras... Y, la pizza italiana, pide (una d casi z) en turco , a mi juicio, tiene una relación directa con el pita del Oriente Medio.
Otra palabra: boza, es el nombre de una bebida de leche fermentada; ¿vendra de ahí el slang inglés booze : trago?

Bebidas: no tuvimos suerte con el vino nacional. En cambio, disfrutamos el té muy cargado, el café del mismo tipo, el ‘té de manzana”, refrescante, y “aryan”, el yogurt batido con agua y un poco de sal (idéntico al “jocoque” mexicano y parecido al ‘buttermilk’.
Los mapas-- Al principio son como personas desconocidas. Cuando uno se interesa en ellos, los despliega y estudia, en busca de información, se van convirtiendo poco a poco en amigos entrañables: rara vez nos fallan.

Los jardines: Abundan, bien cuidados, incluso en glorietas donde lucen en todo su esplendor los colores de las bugambilias y las rosas!!

En los lugares turísticos, se escucha, inevitablemente, muestras de música turca. En aquellos frecuentados sobre todo por la población local, canciones norteamericanas, boleros latinoamericanos...

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